El enigmático, oscuro y, para algunos, fascinante universo de los asesinos en serie está plagado de historias sucedidas en Estados Unidos.

Casos como los de Ted Bundy, John Gacy, Albert DeSalvo, Jeffrey Dahmer y otros asesinos seriales estadounidenses se colocaron como los máximos referentes de este tipo tan particular de crímenes.

Pero en Latinoamérica también se han registrado casos de asesinos en serie, algunos alcanzaron resonancia a nivel mundial como Juana Barraza, la “Mataviejitas” en México o el chileno Luis Gregorio Ramírez, mejor conocido como el “Dexter Criollo”.

Pero ninguno tan terrorífico como el caso del colombiano Alfredo Garavito Cubillos, mejor conocido como “Tribilín” o “La Bestia”, quien violó y asesinó a cerca de 147 niños en Colombia y Ecuador entre 1992 y 1999, aunque se le adjudican más de 200 víctimas.

La vida de Alfredo Garavito

Nació el 25 de enero de 1957 en Genova, Colombia. Fue el mayor de siete hermanos.

Vivió en un ambiente de precariedad económica y rodeado de un clima de violencia como constante, ya que su familia fue desplazada por el conflicto guerrillero que prevaleció en su ciudad natal.

Además de esto, Garavito Cubillos se desarrolló en un hogar de constante violencia intrafamiliar generado por su padre y señaló haber sido violado a los 13 años por un amigo de la familia.

Por otro lado, Alfredo sólo alcanzó a estudiar hasta quinto grado de primaria y durante su vida adulta se dedicó a ser vendedor ambulante, lo que lo llevó a viajar constantemente sin establecerse en algún lugar por mucho tiempo.

Confesó que en su vida adulta se acercó al satanismo y a actividades esotéricas como el manejo de la tabla Ouija, las cuales realizó al poco tiempo antes de cometer su primer crimen. Incluso, durante un tiempo se dedicó a la brujería para obtener dinero.

El frenesí asesino

Un asesino serial, según el investigador de la Universidad de Houston, Steven Egger, comete mínimo tres homicidios, siempre con un espacio de tiempo de “enfriamiento” entre cada caso.

Además, estas personas no obtienen una ganancia económica, la recompensa es más bien psicológica, con alto contenido sexual o de dominación.

Así, el caso de Alfredo Garavito se encuadra a la perfección en la definición de asesino en serie establecida por los especialistas en Psicología criminal.

Él no inició su andar criminal a temprana edad, como comúnmente se ha registrado en la mayoría de los asesinos en serie, ya que su primer asesinato lo realizó a la edad de 35 años.

De 1992 a 1999 torturó, violó y asesinó a más de 147 personas, aunque se le estiman más de 200 casos.

Sus víctimas fueron todos varones de entre 5 y 14 años de edad, todos de bajo nivel socioeconómico.

Aprovechó su trabajo como vendedor ambulante para su actividad criminal, ya que ese empleo le llevó a conocer muchos lugares y rutas. Además de que le ayudó a tener una buena capacidad de conversación, la cual utilizó para acercarse a sus víctimas.

Al ver a una potencial víctima —un niño solo— lo abordaba y platicaba con él, le ofrecía algún regalo o dinero para que lo acompañara a caminar y al llegar a un lugar alejado, sin más personas, los atacaba.

Para esto ya iba preparado con cuerdas y cuchillos para someter y matar a los menores.

Golpes, mordidas, rasguños, violación y muerte eran parte del “horroroso festín” asesino de Garavito.

Al terminar el acto, ocultaba los cuerpos enterrándolos o cubriéndolos con maleza.

Detención

Alfredo Garavito Cubillos fue detenido el 22 de abril de 1999 al frustrarse un homicidio más.

Ese día estaba a punto de violar y asesinar a un menor en un llano de la región de Villavicencio, Colombia, pero una persona que iba caminando por el lugar escuchó los gritos del niño y lo salvó arrojándole piedras al agresor.

El niño describió la apariencia de Garavito y así fue como se montó un operativo por las autoridades para su rastreo, logrando detenerlo horas después.

No sería sino hasta octubre de 1999 cuando los investigadores se dieron cuenta de que Luis Alfredo podría tener relación con decenas de menores asesinados en distintos departamentos colombianos.

Por ello lo interrogaron al respecto, momento en el que confesó todos los crímenes cometidos al elaborar una secuencia de todos los casos.

El 21 de noviembre de 2001 fue sentenciado a la pena máxima, 40 años de prisión, aunque las sentencias por todos sus asesinatos darían un total de 1853 años de cárcel.

Sólo se le alcanzaron a comprobar legalmente 147 víctimas, quedando pendientes cerca de 60 casos más.

El perfil de La Bestia

El equipo interdisciplinario que se encargó de analizar a Luis Alfredo llegó a la determinación de que estaba bien ubicado en tiempo y espacio, por lo que era consciente de sus actos.

Además, presentaba un Trastorno Antisocial de Personalidad, padecimiento que se manifiesta a través de un comportamiento sistemático en el que se carece de empatía con los demás, no hay remordimiento, se deshumaniza a las víctimas, presencia de alta impulsividad, rechazo a las normas establecidas, entre otros aspectos. También presenta un claro cuadro de trastornos sexuales como pedofilia y sadismo.

Su vida en reclusión

Según los reportes de las autoridades de la Prisión de Máxima Seguridad de Valledupar, Garavito Cubillos es un interno que ha manifestado un comportamiento disciplinado.

En 2009 intentó suicidarse, azotando su cabeza contra los muros de su celda, motivo por el cual se le mantiene separado y en constante observación.

Garavito Cubillos adoptó en prisión la doctrina de la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia, la cual influyó de manera determinante en su comportamiento.

Ya estando en prisión rechazó haber violado a sus víctimas, aunque reconoció sólo los homicidios.

Cabe destacar que en 2003 colaboró con las autoridades colombianas para la detención de otro de delincuente sexual.

¿Cuándo saldrá libre?

Se estima que en 2023 se podrá considerar otorgarle a Garavito su libertad, al cumplir en ese año tres cuartas partes de la pena de 40 años que se le dictó.

Tomando en cuenta además los beneficios penitenciarios por buen comportamiento y colaboración con la justicia.

¿Para ese entonces se habrá rehabilitado? El tiempo lo dirá.

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