En lo que fue su primer discurso en Colombia, el papa Francisco pidió a los colombianos “huir de toda tentación de venganza y de búsqueda de intereses sólo particulares y a corto plazo”, dijo.

Las palabras del pontífice, pronunciadas delante del presidente colombiano Juan Manuel Santos y demás autoridades en la Casa de Nariño, llegan en un momento en que la sociedad ha quedado drásticamente polarizada tras los acuerdos con las FARC, que ahora son un partido político.

Para ello el papa argentino citó una frase de su exhortación “Evangelii gaudium” (La alegría del Evangelio) que dice “cuanto más difícil es el camino que conduce a la paz y al entendimiento, más empeño hemos de poner en reconocer al otro, en sanar las heridas y construir puentes, en estrechar lazos y ayudarnos mutuamente”.

“Andar el camino, lleva su tiempo. A largo plazo…”, señaló el papa improvisando sobre su discurso escrito.

“Quise venir hasta aquí para decirles que no están solos, que somos muchos los que queremos acompañarlos en este paso; este viaje quiere ser un aliciente para ustedes, un aporte que en algo allane el camino hacia la reconciliación y la paz”, expresó desde la Plaza de Armas del palacio presidencial.

El papa no desaprovechó la oportunidad para lanzar un llamado a las instituciones del país para aprobar “leyes justas que garanticen la armonía y ayuden a superar los conflictos que han desgarrado esta Nación por décadas”, expresó.

A pesar de que la máxima autoridad de la Iglesia Católica nunca mencionó los acuerdos de paz firmados con las FARC, sí se refirió a “los esfuerzos que se hacen y han hecho en las últimas décadas, para poner fin a la violencia armada y encontrar caminos de reconciliación”.

El pontífice pronunció un discurso en el que pidió leyes justas, que “no nacen de la exigencia pragmática de ordenar la sociedad sino del deseo de resolver las causas estructurales de la pobreza que generan exclusión y violencia”.

Para llevar la reconciliación a este país tras 53 años de conflicto, Francisco afirmó que “la búsqueda de la paz es un trabajo siempre abierto, una tarea que no da tregua y que exige el compromiso de todos”.

“Les pido que escuchen a los pobres, a los que sufren. Mírenlos a los ojos y déjense interrogar en todo momento por sus rostros surcados de dolor y sus manos suplicantes. En ellos se aprenden verdaderas lecciones de vida, de humanidad, de dignidad”.

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