Alberto Fujimori fue una figura política latinoamericana de renombre en la década de los 90’s.

Controversial y de “mano dura”, supo ganarse el respeto del pueblo y de la comunidad internacional, gracias al crecimiento económico que logró Perú, durante su administración presidencial.

Supo lidiar con el terrorismo y la crisis económica, y llevó a Perú a un “mejoramiento” social.

Tuvo el poder absoluto durante 10 años, se dio el lujo, incluso, de un “golpe de Estado”, con el cual se deshizo del parlamento, con las respectivas reformas constitucionales, sin que la comunidad internacional se escandalizara.

Pero con el final de la década mencionada, llegaría también el ocaso de la figura Fujimori. La aprobación de la gente se vendría abajo y su imagen se desgastaría de manera progresiva e irremediable.

Una estela de corrupción y de violación sistemática de los derechos humanos de personas que le representaban un “peligro político” terminarían por salir a flote.

Al poco tiempo de haber tomado la Presidencia del Perú por tercera vez, en año 2000, se vio forzado a renunciar. La situación era ya insostenible.

La opción más “sana” para Alberto Fujimori fue exiliarse en su “Madre Patria”: regresó a Japón.

Ya en 2001, el escándalo de corrupción del régimen fujimorista detonó tras la captura de Vladimiro Montesinos, mano derecha del expresidente, con lo que las acusaciones hacia él se materializaron.

Se emitió orden de detención en su contra y solicitud de extradición al Gobierno japonés, mas éste nunca accedió a dicha solicitud. No sería sino hasta 2005 cuando Fujimori fue detenido por primera vez, cuando éste viajó a Chile, pero sería liberado bajo fianza.

Fue hasta 2007 cuando, por fin, Chile aceptó extraditar al exmandatario. Se le procesó y sentenció en 2009 por el homicidio de 25 personas y 2 secuestros, cometidos con fines políticos. Después sería procesado por espionaje y sobornos, alcanzando por la totalidad de delitos 31 años de prisión.

En este 2017, el actual presidente del Perú, Pablo Kuczynski, ha dejado entrever la posibilidad de indultar a Alberto Fujimori por razones humanitarias, ante el frágil estado de salud y avanzada edad que guarda el expresidente.

Este hecho causó una oleada de reacciones, en su mayoría negativas. La decisión al respecto permanece en sustento.

Keiko: el renacimiento del fujimorismo

Keiko Fujimori supo hacerle frente al embate social y político en su contra, por los escándalos de su padre. Y no sólo eso: logró levantar un movimiento político, que se convirtió en una sólida, llamada Fuerza Popular.

La hija del expresidente logró participar en dos elecciones presidenciales, 2011 y 2016, sin lograr la victoria. Pero a pesar de eso, su partido es mayoría absoluta en el Congreso.

Sin embargo, este 2017 no ha sido un buen año para Keiko Fujimori. Ya que en la última semana han iniciado investigaciones en su contra, al relacionarla con el caso Odebrecht. Quien hizo el señalamiento en su contra fue el mismo presidente de la constructora brasileña, Marcelo Odebrecht.

Kenji: el menor de la dinastía

Kenji Fujimori. Foto: especial

El hijo menor de Albero Fujimori también participa de manera activa en la política. Es congresista por parte del partido de Fuerza Popular y busca ascender políticamente, incluso por encima de su hermana.

La disputa entre hermanos

En julio de este año, Kenji Fujimori fue suspendido 60 días del partido político liderado por su hermana. El hecho se dio por “sus inconductas reiteradas, permanentes y planificadas”, al acercarse al régimen de Pablo Kuczynski, rompiendo con “el papel opositor” de Fuerza Popular.

Esto demostró la división que existe entre ambos hermanos, la cual ya no se puede ocultar.

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