Primero era la escasez o dificultad para encontrar los alimentos; luego -cuando los hallaban- eran los precios exorbitantes que tenían que pagar para adquirirlos y ahora es la falta de efectivo para pagarlos, el factor que se suma para agravar la crisis económica que atraviesan los venezolanos.

Y no sólo en lo que a alimentos se refiere, sino a casi cualquier artículo de primera necesidad que va desde crema dental, jabón de baño, champú, acondicionador, desodorante y toallas sanitarias, hasta medicinas y casi cualquier suministro necesario para atender a un neonato como leche formulada y pañales.

Cualquiera de estos productos sobrepasa los 10 mil bolívares (menos de un dólar aproximadamente), el límite diario que la mayoría de los bancos permiten retirar en efectivo, y dichos productos -al menos la mayor parte, sean nacionales o importados- sólo se pueden adquirir pagando con la moneda en físico.

“Pero como buenos venezolanos, siempre le buscamos la vuelta a todo”, asegura Sandra Méndez, venezolana, sin profesión, encargada de administrar un laboratorio clínico. El esposo de Méndez tiene más de dos años sin trabajar, por lo que ella se ha convertido prácticamente en el sustento de su familia.

Méndez explica que en vista de la falta de billetes que circulen en las calles, ella trata de comprar lo que necesita en el supermercado y no a los “bachaqueros” (como llaman a los revendedores) ya que así pueden cubrir el gasto utilizando su tarjeta de débito o crédito.

“Anteriormente no teníamos otra opción que los ‘bachaqueros’, pero ahorita los supermercados están trayendo algunos de los productos que escasean pero brasileros y son carísimos, pero al menos podemos comprarlos usando el punto de venta, sino imagínate”, añade la fémina.

Otros, como Gerardo Harewood, periodista local en el estado de Bolívar en Venezuela, también optan por prescindir del efectivo hasta donde pueden. “Pero mi mamá cuando necesita va con una amiga que tiene un negocio para que la deje hacer avances en efectivo, pero le cobra comisión por eso y termina gastando más” comenta.

“Es desesperante no tener comida para comprar, pero también te desespera ‘tener’ dinero e igual no poder comprar porque no te dejan administrar lo que se supone es tuyo y que con tanto esfuerzo te ganaste”, dice José Gutiérrez, un venezolano de 70 años, que a su edad todavía trabaja para sustentar a su familia.

“A veces nos toca ir sacando diariamente los 10 mil bolívares que nos dejan sacar por cajero, o irnos hasta la sede del banco donde nos permiten sacar hasta 30 mil, e ir reuniendo en casa por si se nos presenta una emergencia y tenemos que resolver”, explica el septuagenario.

A lo que Gutiérrez hace referencia es a que un kilo de azúcar importada desde Brasil cuesta 13 mil 800 bolívares, un kilo de arroz 16 mil bolívares, un litro de aceite 20 mil bolívares, por sólo poner algunos ejemplos. “Si sólo contara con lo que puedo retirar en efectivo en un día, no sé qué comeríamos en casa”, aseveró.

Todos concluyeron que tratan de dejar el dinero en efectivo para gastos como transporte público, taxis “y algunas cosas que no conseguimos en los supermercados” acotó la encargada del laboratorio. “Y rogar a Dios que no se presente ninguna eventualidad que nos ponga a correr”, concluyó.

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