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Foto: El País

La sociedad actual cumple un grandísimo reto: el de la indiferencia de los que han perdido la capacidad de quejarse, aunque convivan con el mal. Esto es lo que muestra el cineasta colombiano Víctor Gaviria en toda una década de construir una película sobre la exclusión y la pobreza extrema: “La mujer del animal”.

Filmada en el lado oscuro de Colombia donde los hombres creen que pueden robar, violar y maltratar mujeres, como si fuera uno de sus derechos naturales. Y ellas también creen que mereces eso y más.

Gaviria conoció a Margarita en 2006 en una visita rutinaria a uno de los barrios más pobres de su ciudad, Medellín. La joven es residente de una comunidad de las laderas de la capital de Antioquia, y le contó al productor cómo durante siete años sufrió las vejaciones de Aníbal, al que todos conocían en el barrio como “El Animal”.

Durante un tiempo, con esta historia en la cabeza, se empeñó en construir un guión que tratará de explicar quién era este hombre tan malo y el porqué de sus acciones.

“Me encontré con el rechazo de todos mis amigos, me decían que cómo iba a hacer una película de una estúpida que nunca se rebela”, menciona el guionista.

Tras un año de dudas y problemas con el primer productor de la película, Gaviria encontró el apoyo que necesitaba en una amiga psicóloga: “Me dijo una frase que me ayudó a seguir adelante con el proyecto ‘El mal que hay detrás del maltrato de género es radical’. No solo empecé a entender que tenía que escribir la historia de esa niña, sino que me convenció, en contra de todos, de que su protagonista se opuso al mal”

“La mujer del animal” pone un primer plano esas historias que Gaviria se había encontrado todos los día de fondo: “Tenía que coger este fracaso, esta pesadilla y visibilizar la realidad de estas mujeres olvidadas porque son humildes. Ellas son muy valiosas, muy dignas”.

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