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Estados Unidos. -Ni las protestas, ni las críticas, mucho menos los tweets; nada detuvo esta semana a Donald Trump de regresar a la carrera y ordenado un nuevo veto migratorio en contra de ciudadanos de seis países musulmanes.

Se trata de una nueva orden para impedir la entrada por 90 días a los ciudadanos de los países de Irán, Libia, Somalia, Siria, Sudán y Yemen.

El nuevo veto entrará en vigor el 16 de marzo y la única diferencia es que ha eliminado a Irak de su lista de países. También suspende por 120 días el programa de refugiados, frenando el paso a varios viajeros musulmanes, alegando que son una amenaza para la seguridad nacional.

Este nuevo paso de parte de Donald Trump parece una especie de desafío a sus detractores. El hecho de que la ley sea virtualmente idéntica a la anterior salvo por algunas pequeñas modificaciones para evitar un nuevo bloqueo judicial la hace parecer más un capricho de ganarle a sus oponentes en vez de una reforma que sirva para proteger los intereses de su nación.

La Casa Blanca ha públicamente denominado a esta ley como una medida para reducir el peligro terrorista, y no como una ley de carácter racista ante los ciudadanos que practican la religión del Islam.

El anterior veto desató la furia y la crítica de funcionarios y ciudadanos del mundo entero por igual. Una ola de repulsa internacional se elevó contra el presidente Trump, y no fue hasta que una corte federal suspendió la aplicación de esa ley que la historia había acabado, hasta este Lunes, donde todo parece querer repetirse.

“Actualmente 300 personas que vinieron como refugiadas están siendo investigadas por el FBI por actividades potencialmente relacionadas con el terrorismo”, afirmó el fiscal general de los Estados Unidos Jeff Sessions, “Muchas personas que defienden o cometen actos terroristas quieren entrar a través del programa de refugiados”.





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