Foto: Francesca Whitlock/El País

Ser ecologista en centroamérica no es de las mejores ideas que se pueda tener. Tan solo Honduras es el país más peligroso para ser defensor del medio ambiente.

Un informe publicado este martes por Global Witness, la ONG internacional que documenta los crímenes contra los ecologistas del mundo, arrojó que “altos mandos políticos y élites empresariales” hondureños están ligados a una “violenta represión” de activistas que defienden sus tierras.

De acuerdo a la organización, 123 ecologistas han sido asesinados en el país desde 2010. Entre los fallecidos no se ha podido olvidar el asesinato de Berta Cáceres, ecologista y fundadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh).

Asimismo, en el informe se señala que los ecologistas han sido asesinados por “protestas contra el expolio o la destrucción de su tierra, sus bosques o sus ríos”.

Entre las principales causas de muerte de los ecologistas se encuentran los conflictos por la minería, las presas hidroeléctricas y la agroindustria, según detalla el informe de Global Witness. Por otra parte, se expone que “han descubierto nuevas evidencias de los acuerdos de la puerta trasera, sobornos y violaciones de la ley que se utilizan para imponer estos proyectos y silenciar cualquier oposición”.

Otras investigaciones de Global Witness han arrojado que las élites políticas y empresariales hondureñas “están usando medios corruptos y delictivos para sacar provecho de la riqueza natural del país y está consiguiendo el apoyo de las fuerzas estatales para asesinar y aterrorizar a las comunidades que se atreven a interponerse en su camino”.

En marzo de 2016, fue asesinada en su casa del suroccidental departamento de Intibucá, la feminista, defensora indígena, activista de derechos humanos, ambientalista y opositora gubernamental, mientras se encontraba en la lucha por los derechos del pueblo lenca, al que pertenecía. Además, lideró dentro y fuera del país un gran número de protestas contra la presa de Agua Zarca.

Fuente: El País

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