Foto: En Todo Noticias

A tan sólo cuatro años de la muerte de Hugo Chávez, está a punto de estrenarse la serie, “El comandante”.

La serie televisiva, inspirada en la vida del fallecido presidente, empezará a emitirse este martes en toda América Latina, excepto en Venezuela. Sony Pictures Television, el canal que produjo para la televisión la idea de Moisés Naím, ha cedido a la presión que supone transmitir en el país una versión no autorizada del líder bolivariano.

“No ha sido nuestra decisión dejar de emitir “El Comandante” en Venezuela. Desde que empezamos a negociar, Sony nos aclaró que los derechos para ese país no estaban a la venta”, aseguró al diario El País, Ángel Zambrano, vicepresidente de Contenidos y Sindicación de Turner.

Pese las críticas y lo que se espera de la serie, Sony ha sido bastante cuidadoso con el contenido. Durante la grabación, sus abogados se aseguraron una y otra vez de que las escenas recreadas no fuesen el fruto de la imaginación desaforada de los guionista.

Pese a estas precauciones, quienes representan el chavismo no permitirán que se ensucie la memoria de Chávez con el “clásico latiguillo de la conspiración imperial”, como lo llamó Diosdado Cabello en su programa de televisión, el pasado agosto cuando se estrenó el primer clip del seriado.

A medida que se acerca el día del estreno, Cabello ha mantenido su decisión de mantener inmaculado a Chávez. La semana pasada impulsó el hashtag en redes sociales llamada “Aquí no se habla mal de Chávez”, que ha permitido revivir la polarización en torno al legado del político fallecido en 2013.

Hasta el momento, el presidente de la Cámara Venezolana de Televisión por Suscripción (Cavetesu) dijo que “Nosotros no hemos recibido comunicaciones del Gobierno instándonos a que nuestros agremiados no transmitan la serie, aseguró.

Por otra lado, la Comisión Nacional de Telecomunicación lanzó la campaña en redes sociales instando a los televidentes venezolanas de informar si la series es transmitida en las plantas de cualquier cableoperadora.

Fuente: El País




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